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A los pocos minutos del final del épico triunfo 2-1 de la Argentina ante Inglaterra en Atlanta, por las semifinales del Mundial, un puñado de futbolistas de la selección nacional, sobre todo el mediocampista Giovani Lo Celso, colocaron sobre el césped una bandera blanca con letras negras que decía, contundente: "Las Malvinas son argentinas".
Si bien en los días previos al partido, el propio entrenador albiceleste, Lionel Scaloni, se encargó de bajar la tensión, diciendo que sólo se trataría de un encuentro de fútbol, internamente muchos jugadores lo vivieron con otros condimentos. Y quedó demostrado en el mensaje que dieron algunos jugadores, a través de la bandera colocada en una de las áreas.
Las autoridades estadounidenses habían catalogado al partido de alto riesgo. En una reunión celebrada el lunes pasado en Virginia, se resolvió un fuerte operativo de seguridad con más de 1600 efectivos en los alrededores y dentro del Mercedes Benz Stadium. La FIFA y las fuerzas federales y estatales de seguridad advirtieron sobre cualquier mensaje de odio o político entre los aficionados. Incluso la ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, remarcó que quienes lleven banderas o remeras con inscripciones referidas a Malvinas no podrán ingresar