Están por todas partes estos días: caricaturas que exageran rasgos, intereses y experiencias, creadas con inteligencia artificial. Son divertidas, sí, pero también recuerdan cuánto aprenden sobre nosotros estos sistemas.
Hacer una es simple: basta con abrir ChatGPT u otro chatbot, subir una foto nítida y pedir “Crea una caricatura mía con esta imagen y todo lo que sabes sobre mí”. Además, se pueden sumar detalles sobre el trabajo o el estilo de vida para orientar el resultado. Así, en cuestión de segundos, la imagen queda lista para descargar y compartir.
Millones ya lo hicieron, impulsados por la viralidad en redes y los picos de uso registrados. Sin embargo, si todavía no te “caricaturizaste”, quizá valga la pena pensarlo un momento antes de sumarte.
Una de las críticas más recurrentes apunta al impacto ambiental. Como sucede con cualquier herramienta basada en inteligencia artificial —y, en general, con toda tecnología que depende de centros de datos—, generar una imagen con ChatGPT implica un consumo de energía y de agua destinada a la refrigeración de los sistemas. En el caso de las imágenes, el proceso demanda más recursos que otras funciones, por lo que el consumo es aún mayor.
Ahora bien, lo mismo ocurre con cualquier otro uso de la inteligencia artificial. Si bien el debate sobre cómo emplear estas tecnologías de manera ética sigue abierto —y en gran medida depende de una decisión personal—, no hay evidencia de que sumarse a la tendencia de las caricaturas sea particularmente más perjudicial para el medioambiente que utilizar IA para cualquier otra tarea.
Pero más allá de lo lúdico, estas caricaturas digitales también despiertan inquietudes concretas sobre la privacidad. Crear una versión animada de uno mismo no es un gesto inocente: implica entregar a la inteligencia artificial datos de alto valor, como una imagen en primer plano del rostro y detalles personales sobre la propia vida. Y eso abre varias preguntas.
La primera tiene que ver con el corazón mismo de estos sistemas: funcionan a partir de datos. Los modelos de lenguaje y otras herramientas de IA son tan eficaces como la información que reciben y, por eso, las empresas tienen incentivos evidentes para recolectar la mayor cantidad posible. Cada vez que alguien sube una foto, está aportando nuevos insumos que podrían utilizarse de formas que ni siquiera imagina.